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IFC y datos estructurados: ¿y si la verdadera revolución del BIM fuera repensar nuestros métodos de trabajo?
El sector de la construcción dispone hoy de una riqueza de información considerable. Sin embargo, gran parte del tiempo de los profesionales sigue dedicándose a buscar, verificar, reintroducir, comparar y reprocesar datos. Con los archivos IFC y la explotación de datos estructurados, resulta posible otra organización del trabajo: menos manipulaciones, más análisis, reflexión y valor añadido para los proyectos.
1. Los métodos históricos han alcanzado sus límites
Durante décadas, los profesionales de la arquitectura, la ingeniería y la construcción han organizado sus procesos en torno a documentos, hojas de cálculo Excel, planos e intercambios de información entre los distintos intervinientes.
Estos métodos han respondido durante mucho tiempo a las necesidades de los proyectos. Pero hoy presentan límites evidentes frente a la creciente complejidad de las operaciones y a la cantidad de información disponible.
¿Cuántas horas se siguen dedicando a:
¿Buscar información en diferentes documentos y programas?
¿Extraer manualmente cantidades a partir de planos o maquetas digitales?
¿Copiar datos en hojas de cálculo Excel para producir análisis?
¿Comparar varias versiones de un mismo proyecto para identificar las evoluciones?
¿Verificar la coherencia de las superficies, los equipos, los materiales o las clasificaciones?
¿Reconstruir indicadores en cada nueva etapa de un proyecto?
Estas operaciones movilizan competencias técnicas valiosas, pero gran parte de este trabajo corresponde más a la manipulación de datos que a la experiencia profesional.
El problema ya no es solo disponer de la información correcta. Es seguir dedicando tiempo humano a operaciones que las herramientas digitales pueden automatizar en gran medida.
2. El IFC: mucho más que un formato de intercambio de maquetas digitales
El IFC (Industry Foundation Classes), estándar abierto internacional normalizado por la ISO 16739, todavía se considera demasiado a menudo como un simple formato que permite transferir una maqueta digital entre diferentes programas.
Esta visión es reduccionista.
Un archivo IFC puede contener una representación estructurada de los objetos de un edificio, de sus características, de sus propiedades, de sus cantidades y de sus relaciones.
Una puerta ya no es simplemente un elemento gráfico representado en un plano. Se convierte en un objeto digital identificable, al que pueden asociarse informaciones de dimensiones, materiales, prestaciones técnicas, ubicación o clasificación.
Lo mismo ocurre con los muros, las losas, las ventanas, los equipos técnicos y numerosos otros componentes del edificio.
Esta organización abre una perspectiva fundamental: los datos del proyecto pueden consultarse, filtrarse, controlarse, enriquecerse y explotarse con independencia del programa que haya servido para producir la maqueta.
Siempre que su calidad y su presencia efectiva en el archivo IFC estén garantizadas, estas informaciones se convierten en una materia prima directamente explotable por los distintos oficios.
3. La verdadera transformación: pasar del tratamiento manual a la explotación inteligente de los datos
El reto principal no es simplemente acelerar los métodos existentes.
Es cuestionar su pertinencia.
¿Por qué seguir produciendo manualmente tablas de superficies si la información necesaria ya está presente en los objetos digitales?
¿Por qué reintroducir cantidades en una hoja de cálculo cuando pueden extraerse y organizarse según reglas definidas?
¿Por qué reconstruir indicadores en cada nueva versión del proyecto cuando procesos reproducibles pueden actualizar esos resultados?
¿Por qué pedir a ingenieros, arquitectos o economistas que dediquen varias horas a organizar cifras en lugar de analizar sus consecuencias?
La explotación de los datos IFC permite plantear una organización diferente:
Antiguo proceso: buscar la información → extraer los datos → reintroducir → organizar → verificar → calcular → analizar.
Nuevo proceso: estructurar los datos → aplicar reglas de control y tratamiento → automatizar las extracciones y los cálculos → analizar → decidir.
La diferencia es considerable.
En el primer modelo, la experiencia humana interviene a menudo después de una larga fase de preparación administrativa y técnica.
En el segundo, puede movilizarse mucho más rápidamente en la interpretación de los resultados y la toma de decisiones.
4. Devolver tiempo intelectual a los profesionales de la construcción
Probablemente sea uno de los beneficios más importantes, pero también de los menos comprendidos, de la transformación digital del sector.
El tiempo de un arquitecto debe dedicarse prioritariamente a concebir. El de un ingeniero, a resolver problemas técnicos. El de un economista, a evaluar y optimizar los costes. El de un BIM Manager, a garantizar la calidad y la coherencia de la información.
No a pasar días reprocesando cifras.
Los archivos IFC estructurados permiten desplazar progresivamente el valor del trabajo humano hacia actividades intelectuales de mayor contribución:
La optimización de las elecciones arquitectónicas y técnicas.
El análisis de las variantes y de sus consecuencias económicas.
La anticipación de las incoherencias y de los riesgos.
La mejora de las prestaciones medioambientales.
La coordinación entre las disciplinas.
La ayuda a la decisión del promotor.
La preparación de la explotación y el mantenimiento del edificio.
No se trata de suprimir la intervención humana, sino de reposicionarla allí donde es realmente indispensable.
La automatización debe encargarse de los tratamientos repetitivos. La inteligencia humana debe concentrarse en la comprensión, el arbitraje, la creatividad y la decisión.
5. Aplicaciones concretas para transformar los procesos de los oficios
La explotación estructurada de los IFC puede transformar numerosas actividades cotidianas.
Para los arquitectos
La información contenida en las maquetas puede alimentar automáticamente tablas de superficies, inventarios de componentes, análisis de materiales o controles de conformidad con las exigencias del programa.
El tiempo ahorrado puede reinvertirse en la concepción, el estudio de variantes y la mejora de la calidad arquitectónica.
Para las oficinas de ingeniería técnica
Los datos IFC permiten organizar los equipos por sistema, nivel, zona o característica técnica, y preparar controles automatizados sobre la información disponible.
Los ingenieros pueden así dedicar más tiempo a las prestaciones de las instalaciones y a las soluciones técnicas.
Para los economistas de la construcción
La extracción y clasificación de las cantidades puede alimentar procesos de mediciones y estimación, siempre que se disponga de datos adecuados y de reglas de cálculo fiables.
El economista puede entonces concentrarse en la pertinencia de los precios, el análisis de las desviaciones, los riesgos económicos y los escenarios de optimización.
Para los coordinadores BIM y los BIM Managers
Los archivos IFC se convierten en soportes de control de la información, verificación de exigencias, normalización de las propiedades y preparación de los entregables.
Los controles repetitivos pueden automatizarse, lo que permite reforzar el control de calidad de los datos y la coordinación de los agentes.
Para los promotores y los gestores
Los datos estructurados pueden alimentar cuadros de mando, inventarios patrimoniales, indicadores de rendimiento o herramientas de gestión técnica e inmobiliaria.
La maqueta digital ya no se limita a ser una representación del edificio: se convierte en una fuente de información utilizable a lo largo de todo su ciclo de vida.
6. De la maqueta digital al pilotaje por el dato
Uno de los cambios principales consiste en dejar de considerar la maqueta digital como el resultado final del proceso BIM.
La maqueta constituye también una fuente de datos.
Una vez extraída, verificada y organizada la información, puede alimentar soluciones de análisis y visualización como Microsoft Power BI, bases de datos o aplicaciones de los distintos oficios.
La información procedente de varias maquetas puede entonces consolidarse para producir indicadores sobre:
Las superficies y las cantidades.
Las tipologías de obras.
Los equipos y sus características.
Las distribuciones por edificio, planta o zona.
Las evoluciones entre diferentes versiones.
La integridad y la conformidad de la información.
Este enfoque abre el camino hacia un verdadero pilotaje de los proyectos por el dato.
El interés ya no es solo saber cuántos objetos están presentes en una maqueta, sino comprender lo que esa información revela y cómo puede contribuir a las decisiones.
7. Las herramientas existen. Ahora son los procesos los que hay que transformar.
La tecnología ya no constituye necesariamente el principal obstáculo.
Soluciones especializadas en el tratamiento de datos IFC, como Simplebim, permiten en particular filtrar, reestructurar, enriquecer, controlar y transformar la información contenida en las maquetas digitales.
Estas capacidades facilitan la preparación de datos coherentes y explotables por otras aplicaciones.
Pero disponer de un software eficaz no basta.
Automatizar un mal método de trabajo no transforma fundamentalmente una organización. Simplemente permite reproducir más rápidamente sus límites.
El verdadero enfoque consiste en reconsiderar los procesos existentes:
¿Por qué se produce esta información? ¿Quién la necesita? ¿En qué forma? ¿En qué momento? ¿Es necesario reintroducirla? ¿Puede controlarse automáticamente? ¿Puede servir para varios usos?
Estas preguntas deben preceder a la elección de las herramientas.
También implican definir exigencias de datos claras, convenciones de nomenclatura, clasificaciones, reglas de control y responsabilidades.
Un archivo IFC no es automáticamente una base de datos fiable y completa. Su valor depende de la calidad de la información producida y de la pertinencia de su estructuración.
La transformación de los procesos requiere, por tanto, a la vez herramientas, una metodología y una evolución de las prácticas profesionales.
8. El verdadero retorno de la inversión del BIM: el tiempo recuperado
La rentabilidad de un enfoque BIM no debería medirse únicamente en función del tiempo ganado en la modelización o la producción documental.
También debería integrar el tiempo intelectual liberado para los profesionales.
Tomemos un ejemplo sencillo.
Un colaborador que dedica ocho horas por semana a extraer, comparar y organizar datos representa alrededor de 350 horas anuales de trabajo, sobre una base de 44 semanas.
Si una organización estructurada permite reducir a la mitad ese tiempo de tratamiento, son 175 horas las que pueden reasignarse a actividades de mayor valor añadido.
A escala de un equipo de diez colaboradores, esto representa potencialmente 1.750 horas al año.
Estas cifras son ilustrativas, y las ganancias reales dependen de los procesos, de las herramientas y de la calidad de los datos. Pero muestran la importancia económica del tema.
El beneficio no se limita a una reducción de costes.
También se traduce en una mejor disponibilidad de los expertos, una capacidad de análisis reforzada, una mayor reactividad y, potencialmente, una mejor calidad de las decisiones.
Conclusión: dejemos de tratar cifras, empecemos a explotar la información
El sector de la construcción debe hoy dar un nuevo paso en su transformación digital.
Durante mucho tiempo, el objetivo fue producir maquetas digitales y facilitar los intercambios entre programas.
Ahora, el reto es explotar plenamente la información que contienen.
Los métodos históricos basados en las extracciones manuales, las reintroducciones sucesivas y la multiplicación de tablas independientes ya no se adaptan a todas las necesidades actuales. Cuando un dato ya existe en una forma estructurada y fiable, seguir reprocesándolo manualmente debe convertirse en la excepción y no en la regla.
La revolución de los IFC no es, por tanto, solo tecnológica. Es organizativa, económica e intelectual.
Invita a las empresas a repensar sus métodos, a redefinir sus procesos y a hacer evolucionar el reparto de tareas entre las herramientas digitales y los profesionales.
El objetivo no es producir siempre más datos.
Es producir los datos correctos, hacerlos explotables y transformarlos en decisiones útiles.
Porque el verdadero valor de un profesional de la construcción no reside en el tiempo que dedica a manipular cifras, sino en su capacidad para comprender un proyecto, resolver sus problemas e imaginar mejores soluciones.
¿Y si el principal beneficio del BIM fuera, finalmente, devolver a los profesionales el tiempo de reflexionar sobre sus proyectos?